Era otra inhóspita tarde

domingo, 29 de junio de 2014



Era otra inhóspita tarde
de realidad sin consuelo.
Yo miraba a cualquier parte
sin ver. Y surgió tu cuerpo
súbitamente y tus ojos
y tu boca y tu cabello.
¿Quién eres tú, quién? ¿De dónde
venías a este mundo yerto?
Nada existía antes de ti.
Tú eras, de pronto, el deseo
y la vida y la hermosura.

Se enamoró el viento.

Enrique Morente



(Poema no recogido en libro)

Es de barro su voz, es voz de arcilla
nacida con el mundo, voz lejana,
remota voz que de la tierra mana
indescifrable ya de tan sencilla.

Quemante soledad rompe la orilla
umbría del silencio y se desgrana
en esa voz terriblemente humana,
martirizada voz de seguiriya.

Oírla es recobrar el ser primero,
regresar al origen, a la fuente
en que el lanto fue luz y fue sendero,

nuestra verdad ganada nuevamente.
Todo lo que es el hombre verdadero
está en el cante herido de Morente.

Es una nostalgia solo


Es una nostalgia solo
lo que de ti guardo yo,
y me duele como espina
y me aroma como flor.
Y es mi soledad recuerdo
que alienta en el corazón,
tenue, sencillo recuerdo
de una mágica ilusión
que yo contigo soñaba
y solo en sueños llegó.

Porque el sueño no tiene la piel tuya



Porque el sueño no tiene la piel tuya
no he podido del todo amar tu sueño
(tu sueño sigiloso en la vigilia
que viene sin llamarlo y que me lleva
con él, lejos de mí, o el que, dormido,
entra de noche a oscuras en mis ojos
a despertarme el corazón).
                                       ¡Quién sabe,
si yo pudiera acariciar tu sueño
como a ti te acaricio con mis manos,
si no lo amara a él más que a ti misma!